El problema y los riesgos de los residuos radiactivos

La producción de energía mediante la explotación de fuentes nucleares, así como cualquier otra actividad productiva, genera residuos y desechos en todas las etapas del proceso, y especialmente durante el desmantelamiento de las centrales eléctricas no utilizadas. Se trata, por supuesto, de residuos radiactivos, que conllevan riesgos considerables de contaminación tanto para las personas como para el medio ambiente. La radiactividad es un proceso físico mediante el cual algunos átomos se estabilizan emitiendo un exceso de energía en forma de partículas, protones, neutrones, radiación Gamma y rayos X: son estas radiaciones las que interactúan con el medio ambiente y los seres vivos, depositando su energía y causando daños biológicos irreversibles y más o menos relevantes.

Para evitar el riesgo de contaminación y las desastrosas consecuencias para los seres vivos, los residuos radiactivos deben aislarse con métodos adecuados hasta que la radiación haya descendido a un umbral natural y, por tanto, soportable. La Tierra, y todos los organismos vivos que la habitan, está de hecho sometida a radiaciones de origen natural, procedentes de metales radiactivos presentes en el suelo (uranio, radón y otros) y de los rayos cósmicos.

Eliminación de residuos radiactivos

El procedimiento de tratamiento y evacuación de los residuos radiactivos varía en función de algunos parámetros necesarios para su correcta clasificación: la concentración de radiactividad, el período de tiempo que los residuos permanecerán radiactivos y el calor que puedan generar. Las clasificaciones varían de un país a otro, pero a nivel internacional, a título indicativo, este tipo de residuos se divide según la radiactividad: muy baja, baja, media o alta. Los residuos radiactivos de muy baja actividad se tratan como residuos normales, sin riesgo de contaminación ambiental. Los residuos de baja actividad no requieren precauciones especiales y agotan rápidamente el potencial radiactivo.

Los residuos de radiactividad intermedia requieren protección contra los rayos gamma: generalmente están constituidos por resinas, compuestos químicos y materiales metálicos, y pueden aislarse con betún u hormigón. Los materiales altamente radiactivos requieren procedimientos de eliminación adecuados y deben aislarse de los seres vivos a distancia, ya que se necesitan miles de años para agotar un nivel tan alto de radiactividad. Generalmente, los residuos radiactivos de este tipo se eliminan en las profundidades de formaciones geológicas estables de roca o arcilla, después de haberlos cerrado en contenedores metálicos resistentes a la corrosión. Sin embargo, todavía se están buscando métodos más eficaces para estabilizar los residuos radiactivos.